No hace falta tener barba, un parche en el ojo o una pata de palo para ser un verdadero pirata.
Lo importante es ser valiente y aventurero, y Mateo lo era. Muy valiente y muy aventurero, tanto que esa tarde salió con su barco mar adentro decidido a recuperar su tesoro: las monedas de oro que se le habían caído al fondo del mar durante una feroz tormenta. Recordaba el lugar exacto donde las había perdido, era cuestión de llegar al mismo sitio y zambullirse para recuperarlas. Y aunque aquellas aguas eran muy peligrosas, Mateo estaba decidido a recuperar lo suyo, porque un pirata no es pirata sin su tesoro.
Hacía ya un rato que había partido cuando, de repente, su barco comenzó a tambalearse de un lado a otro…
¡La bestia peluda del mar quería hundir su barco! Con sus afilados dientes mordisqueaba la nave mientras Mateo intentaba alejarse de la horrible criatura.
Entonces, recordó que a la bestia peluda del mar le gustaban las galletitas y, arrojando algunas al agua, logró despistar al peligroso animal. Puso su barco a máxima velocidad para alejarse, miró para atrás y la bestia había quedado lejos, contenta comiendo galletitas.
Ya faltaba poco para llegar cuando vio que otro peligro lo acechaba: Federica, la sirena malvada, quería impedir su paso al grito de ¡fuera, pirata Mateo!, ¡este mar es mío!
–¡Yo paso, el mar es de todos! –gritó Mateo. Y aunque Federica tenía un ejército de tiburones, Mateo era un hábil navegante y esquivó a cada peligro que Federica puso en su camino.
Miró para atrás y vio que, a lo lejos, Federica protestaba, refunfuñaba y gritaba: ¡la próxima vez no pasás, Mateo!, ¡no pasás!
Por fin, todo parecía estar tranquilo. El mar calmo, el cielo naranja del atardecer y las monedas de oro, cerca, muy cerca. Cuando encontró el punto exacto arrojó el ancla. Allí estaban, podía ver el brillo del oro como destellos de luz en el fondo.
Era su tesoro.
Buscó sus antiparras y, cuando estaba a punto de tirarse al agua para recuperar lo suyo… escuchó lo último que un pirata aventurero quiere escuchar:
–¡Mateooo!, ¡salí de la Pelopincho YA MISMO! Está oscureciendo y vos todavía no hiciste los deberes, siempre lo mismo hijito.
–¡Ufaaa mami!, ¡estoy a punto de recuperar mis monedas! Un ratito más, porfiiii.
–Mañana, Mateo, mañana buscamos tus monedas.
Ahora a secarte y adentro. Vos también, Federica, adentro. Y ya les dije mil veces, a vos que sos el más grande y a tu hermanita, que no metan a Manchita a la pileta, el agua se llena de pelos y además a la pobre perra le dan chuchos de frío.
–Mañana, sí o sí, recupero esas monedas –pensó Mateo, el pirata más joven del mundo.
Gabriel Cortina
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En: Cuentos de Brujas y Piratas - Maestra de primer ciclo. © 2015 EDITORIAL EDIBA (PDF)
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Editorial Ediba
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