Biblioteca Popular José A. Guisasola




Todos saben que un ogro da miedo, pero más miedo da un ogro enamorado. Y Cirilo era un ogro enamoradísimo. Peor aún, si está enamorado de una bruja.
¿Que por qué son tan peligrosos? Porque se vuelven muy distraídos, y un ogro distraído es un peligro para todo el bosque. Además, cada vez que Cirilo veía a Matilde se mareaba, y así mareado andaba, a los tropezones.

Los animales salían corriendo para evitar los pisotones y las caídas de Cirilo, y los árboles terminaban con las ramas todas rotas (para peor, en las ramas están los nidos que terminaban desparramados en el piso, pobres pajaritos).

Y así, de mareo en mareo y de golpe en golpe, a Cirilo le salió un tremendo chichón en la cabeza. Como el chichón se le agrandaba más y más, no le quedó otra alternativa que ir a ver a la única enfermera de todo el bosque: la bruja Matilde.

Las brujas saben curar con sus hechizos, el problema es que a Cirilo no le salían las palabras cuando veía a Matilde y... ¿cómo iba a explicarle lo que le pasaba? Pero Matilde, ni bien vio el chichonazo en la cabeza de Cirilo, no necesitó explicación alguna. Fue, buscó hielo y se lo puso en el chichón.

—¿Cómo te pasó esto? —preguntó Matilde.

Y Cirilo, mudo.

—¿Te sentís bien? ¿Te lastimaste en otro lado? ¿Por qué te late tanto el corazón? —preguntó Matilde.

Y Cirilo, mudo.

Entonces, Matilde se dio cuenta (porque por algo era bruja) que al pobre Cirilo le brotaba el amor por los ojos.

—Bueno, bueno, ya estás curado —dijo algo nerviosa la bruja Matilde.

Y cuando Cirilo ya estaba volviendo al bosque, le dijo:

—¿Volvés mañana? Hay que controlar ese chichón.

—Bueno —contestó Cirilo.

¡Sí! ¡Le salió una palabra! La cosa fue que una visita llevó a otra y después de una palabra luego fueron dos, tres, cuatro... mil. Hasta que, un día, Matilde se enamoró también. Porque el embrujo de amor es el más poderoso del mundo.

Cirilo y Matilde se casaron en el bosque. Invitaron a todos los animales y a todos sus parientes, ogros, ogras, brujos y brujas. Los padrinos fueron el príncipe y la princesa, y hasta el rey asistió porque no quiso perderse el casamiento.

—Señor rey, le presento a la bruja de mi esposa —dijo feliz el ogro Cirilo.

—Señor rey, le presento al ogro de mi marido —dijo feliz la bruja Matilde.

Y fueron felices por siempre.

Aunque, de vez en cuando, Cirilo se sigue mareando.



Gabriel Cortina
https://cortilustra.blogspot.com/


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Visto y leído en: Para vos y para mí... CUENTOS DE OGROS Y HADAS - Maestra de primer ciclo. © 2015 EDITORIAL EDIBA (PDF)

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